Tiene dos piezas
- La célula: por donde pasa el agua, y donde la sal se convierte en cloro
- La unidad de control: decide cuánto cloro se produce
Sal en vez de cloro en pastillas. El agua queda más suave, no huele y casi no hay que estar pendiente de ella.
Se echa un poco de sal al agua y un aparato, el clorador, la convierte en cloro al pasar.
Cuando el cloro ha hecho su trabajo, vuelve a ser sal. Por eso la sal no se gasta.

No irrita los ojos ni la piel.
Produce cloro de forma continua, sin que nadie tenga que echar nada.
Mucho menos que comprar, guardar y medir.
El equipo dura años y el gasto de cada temporada baja.
Hay equipos que se montan en la tubería y tratan el agua por cavitación: al pasar a gran velocidad por una cámara se forman microburbujas que, al romperse, deshacen la materia orgánica y los microorganismos.
No sustituyen al filtro ni al cloro. Los ayudan: el cloro aguanta activo más tiempo y hace falta menos.
Ayuda a quitar impurezas.
Con menos dosis se consigue lo mismo.
En la piel y en los ojos.
Y menos bacterias.
Los valores se mueven menos y hay que corregir menos veces.
Qué necesita tu piscina en cada época, y cuántas horas tiene que filtrar.
Te decimos si tu instalación la admite y qué equipo necesita.